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El alano español tiene uno de los pasados más particulares de todas las razas caninas. Su singularidad se debe a la estrecha relación de estos perros con la historia de España, Europa y la Conquista. Muy populares en la Península Ibérica desde hace siglos, fueron probablemente los primeros canes definidos como una raza. En efecto, la primera descripción, tan detallada  que sirvió de referencia para la posterioridad, data del año 1340 y menciona no solo el aspecto físico del alano sino también su carácter.   

Hay dos teorías sobre la aparición del alano en la Península Ibérica. Según la primera y la más popular, estos perros llegaron a la península en el siglo IV, junto a las tribus bárbaras de vándalos y alanos. Personalmente, estoy de acuerdo con ella y creo que la historia posterior de la raza también la confirma. Según la segunda hipótesis, los perros de este tipo se dan a conocer por primera vez en la península en el siglo V antes de Cristo, coincidiendo con la colonización de estas tierras por los griegos y los fenicios, y se cree que la aparición de los perros de presa en distintas partes de Europa fue fruto de las mismas tareas que tenían que realizar.

Los alanos han trabajado siempre en las ganaderías y como perros de caza mayor. Los perros utilizados en la caza mayor eran distintos de los que manejaban el ganado y estas diferencias se conocían ya en la edad media. La raza alcanzó su mayor popularidad entre el renacimiento y el barroco, épocas ricas en  descripciones, esculturas y pinturas que representan al alano.

Los perros tradicionalmente utilizados para domar y conducir el ganado eran más pequeños y pesados, tenaces e impulsivos en sus reacciones, y trabajaban en distancias cortas, principalmente en los corrales y en los pastos. Estos perros de toro, como se les llamaba comúnmente, originaron razas tales como el dogo de Burdeos, bóxer, ca de bou y el buldog inglés. El segundo tipo, más ligero, de hocico y patas largas, más resistente al cansancio y acostumbrado a recorrer distancias largas, era empleado en las monterías y las rondas. Sin embargo, el desarrollo económico, la creciente popularidad de las armas de fuego y la disminución del rol de los perros de presa durante la caza, provocaron que a principios del siglo XX la raza se diera por extinguida. A esto se sumaron los cambios en la cría del ganado vacuno, los cruces de la vaca monchina con las razas europeas de carne y la forestación de los valles, que contribuyeron igualmente a la desaparición del alano.

A partir del año 1978 un grupo de entusiastas de las monterías empezó un trabajo de recuperación del alano español en su variedad más ligera. La población más numerosa fue encontrada en Cantabria. En el valle de Encartaciones vivían y trabajaban centenares de perros entre los cuales se seleccionaron los perros que fueron la base de la futura cría del alano. 

Pese a la cría planificada y a pesar de cruzar los perros cuya anatomía corresponde al estándar, en las camadas aparecen cachorros con hocico demasiado corto, fuerte prognatismo o construcción más pesada, como  claros ejemplos de la herencia del perro de toro. Algunos criadores opinan que en la Península Ibérica estos dos tipos de perros de presa se han compenetrado siempre. Otros, basándose en los escritos históricos, creen sin embargo que el perro de toro y el alano más ligero eran dos tipos distintos, usados a propósito para  tareas diferentes, según sus aptitudes y cualidades físicas.

A pesar de los buenos resultados que ha dado la búsqueda de los perros base y de la cría controlada, hay todavía tantos escépticos que el alano tiene aún que seguir probando su autenticidad. Las razas que se han creado gracias al alano, tales como el dogo canario, el dogo mallorquín, el dogo de Burdeos o el dogo argentino, llevan ya muchos años aceptadas por la FCI mientras que el alano ha sido aceptado por la RSCE tan solo en el año 2001.