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El trabajo de los alanos con el ganado no era el de los perros pastores o boyeros ni tampoco tenían que defender a los rebaños de los depredadores. La función que cumplían desde varias generaciones atrás estaba estrechamente  ligada al tipo de ganado ibérico y a la forma en que este se criaba.

Los rebaños de ganado de cada comarca pastan en estado semisalvaje, sin estar atados, y en pastos sin cercar. Dado el relieve del terreno, los pastores no son capaces de controlar por si solos a los animales. En efecto, los valles y otros accidentes del terreno hacen imposible el seguimiento de los animales y su recogida. Se utiliza para estas tareas a los alanos que tienen que atrapar a las vacas e inmovilizarlas hasta la llegada de los pastores. Las vacas monchinas son muy ágiles y veloces en comparación con otras razas de ganado vacuno y para domarlas hace falta un perro igualmente rápido y esforzado, apto para la búsqueda, la persecución y la sujeción de estos animales. Los alanos suelen prender la cabeza, más precisamente las orejas o el morro, y su fuerte presa sobre las partes más delicadas inmoviliza a la vaca permitiendo a los pastores atar al ejemplar. Sin embargo, la tarea de perseguir y detener al ganado vacuno no es tan fácil en terrenos montañosos. Los perros corren riesgo de sufrir contusiones, no sólo durante la persecución o la defensa activa de estos animales, sino también después de haber atrapado uno de ellos. En algunas ocasiones las vacas apresadas pierden el equilibrio, cayendo y aplastando a los perros que las sujetan. Por eso, a los alanos jóvenes que empiezan a trabajar con los bovinos se les enseñan mediante un perro mayor y experimentado las técnicas de agarre eficaz y seguro. Un perro joven comienza su educación más o menos con 8 meses de edad, pasando progresivamente de los terneros a piezas cada vez más grandes.

Hay que procurar que coja cada vez más confianza consigo mismo y no se acobarde con el ganado, ahorrándole encuentros frustrantes con adversarios demasiado exigentes. Este tipo de pruebas se suelen hacer en espacios cerrados. Las otras razas del ganado ibérico, incluido el legendario toro bravo, están tan dotadas como la vaca monchina, siendo además agresivas y peligrosas. No sorprende entonces que durante su manejo la ayuda de los perros se haga indispensable. A menudo, la seguridad de la gente que trabaja con el ganado depende de la agilidad, la valentía y la tenacidad de los perros de presa.

En tiempos pasados los alanos ayudaban también a atrapar otros animales, como los caballos de montaña o los cerdos. La persecución de los caballos era, según cuenta la gente que lo recuerda, muy peligrosa para los perros. Primero, porque los caballos son mucho más hábiles y rapidos que el ganado vacuno, y perseguirlos en un terreno montañoso era entonces extremadamente dificil y exigía una agilidad y velocidad singulares. A esto se añade el hecho de que los caballos tienen las orejas más pequeñas que las vacas y, como se sabe, son precisamente las orejas lo que los alanos prenden más a menudo. Para que el agarre fuera exitoso el perro tenía que coordinar el momento de alcanzar y agarrar a su presa, corriendo a toda  velocidad y saltando a una de las orejas a la altura de 1,7 m aproximadamente, tarea particularmente dificil si tenemos en cuenta lo peligroso que puede llegar a ser un caballo defendiéndose a patadas.

Antiguamente, los alanos se usaban también para manejar el ganado porcino ibérico. Estos cerdos que pastaban en libertad se parecían más a los jabalíes que a los cerdos actuales. De hecho, los machos estaban dotados de unos colmillos grandes y peligrosos. Antes de la mecanización de la agricultura, al terminar la siega se soltaban los cerdos en los campos para que comiesen los restos que no se habían recogido. No sorprende entonces que para controlar varios centenares de estos animales que pastaban juntos fuese más que necesario recurrir a los perros tipo alano.